Excavación, documentación y laboratorio

Durante el jueves, viernes y sábado de la primera semana de campaña se intensifican los trabajos en el Corte y comenzamos las labores de laboratorio. Con tiempo despejado, continuamos excavando niveles emirales en la zona abierta, al este y al sur de las estancias islámicas que ya fueron documentadas el año pasado.

Al ir levantando los niveles de abandono de este patio se han podido documentar varios hallazgos cerámicos casi completos, así como una nueva estructura que debió servir de apoyo a una gran tinaja.

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El sector cada vez es más complicado de interpretar, ahora mismo en superficie se observan restos de al menos tres fases diferentes, una complejidad estratigráfica que, no obstante, lo convierte en una zona muy interesante. Lo que cada vez parece estar más claro es que bajo los niveles islámicos vamos a poder documentar un edificio de cierta entidad. Con el paso de los días comienzan a aparecer nuevas estructuras que en su día configuraron este edificio, presumiblemente de cronología visigoda. Unos muros que durante la próxima semana todavía serán más visibles, después de que levantemos las estructuras emirales que los obliteran.

Al tiempo que vamos levantando estratos realizamos las labores de documentación gráfica, fotografiando, dibujando plantas, alzados, o pasando las secciones acumulativas, así como haciendo las fichas de unidad estratigráfica, estructuras o elementos, y escribiendo el diario con una descripción de los trabajos y las primeras impresiones interpretativas.

 

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La tarde del viernes y el sábado se ha dedicado a montar el laboratorio y a comenzar a realizar los trabajos de limpieza e inventariado del material extraído durante estas jornadas. Para tener una idea de la gran cantidad de material arqueológico que se recupera en este yacimiento, indicar que en cinco días de excavación ya podemos inventariar más de 2000 fragmentos de cerámica y cientos de fragmentos de otros materiales, como hueso, lítico, malacofauna, carbones y semillas, metales o vidrios.

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Siguiendo el proceso habitual, hemos lavado el material cerámico, se ha hecho una primera clasificación, se ha dedicado tiempo a tratar de recomponer y pegar fragmentos entre sí para completar perfiles, se le ha colocado una sigla a cada fragmento con forma, y se ha realizado la clasificación e inventario con el registro informático que utilizamos desde las primeras campañas.

Lluvia y un comienzo esperanzador

 

Continúan los trabajos arqueológicos estos dos últimos días pese a que las condiciones meteorológicas no han sido las mejores. El martes por la mañana terminamos de realizar las labores de limpieza y comprobamos que la superficie que dejamos el pasado año estaba convenientemente documentada. Revisamos los dibujos en planta y sección y realizamos un barrido fotográfico del estado del sector tras algo más de un año tapado y protegido.

Por la tarde, cuando nos disponíamos a comenzar a levantar los primeros estratos un fuerte viento comenzó a dificultarnos las labores, al tiempo que avisaba de que una tormenta se acercaba desde el oeste. Pronto comenzó a descargar, lo que impidió que pudiéramos proseguir en el sector, optando por realizar otras tareas en el edificio de investigación del Centro de interpretación del Parque.

Afortunadamente sobre el Tolmo no cayó la misma cantidad de agua que en otras zonas cercanas, y, por lo tanto, la superficie a excavar no se embarró, hecho que hubiera retrasado inevitablemente la continuación de los trabajos.

Del mismo modo, la mañana del miércoles amaneció con una lluvia intermitente, que arreció algo más a primera hora, pero que no impidió que por fin pudiéramos empezar a levantar algunos estratos, los últimos de la fase de abandono de época emiral del sector.

 

Ahora mismo la superficie del Corte 57 presenta estructuras emirales y algunos estratos de esta misma cronología que serán los primeros en ser levantados, así como estructuras y niveles de destrucción y abandono anteriores, presumiblemente visigodos, que tendremos que documentar posteriormente.

Durante la excavación de estos primeros estratos, que se han desarrollado hasta bien entrada la tarde, y que continuarán mañana, han aparecido nuevos muros de esa fase más antigua, así como una nueva estructura doméstica de época emiral, y que en origen acogía un gran recipiente cerámico, una tinaja de clara cronología islámica que ha podido ser recuperada casi al completo.

Uno de los elementos patrimoniales procedentes de nuestro municipio más reconocidos, el mosaico romano de las estaciones, los meses y los signos del zodiaco, ocupa, desde su remodelación un lugar de privilegio en las salas del  Museo Arqueológico Nacional (MAN).

El Museo, cerrado durante bastantes años, sufría una notable metamorfosis, tanto en el edificio que lo alberga, en el que se realizaba una costosa remodelación, como en su contenido y discurso expositivo. Junto a otras piezas de renombre como la Dama de Elche, el monumento de Pozo Moro, o el estandarte de Pollentia, el Mosaico de las Estaciones ocupa la zona central de una de las salas, concretamente la número 21, dedicada a la Hispania Romana.

Desde su reapertura, han sido miles los visitantes que han recorrido las remozadas salas del edificio de la céntrica calle Serrano de Madrid, en una exposición muy visual, con pocos textos, y que cuenta con la ayuda de elementos interactivos y medios audiovisuales.mosaico de las estaciones

Un trozo de la villa romana de Hellín en el MAN

El Mosaico de las Estaciones ya estaba expuesto en el anterior discurso expositivo de esta institución. De hecho, este importante elemento, datado a principios del siglo III d.C., está custodiado en el MAN desde 1940, momento en que Vicente Garaulet, propietario de la Cerámica en la que apareció, lo donara cinco años después de que unos operarios lo descubrieran al realizar unas obras de ampliación en la antigua fábrica de ladrillos que regentaba.

Este mosaico, único por su temática, no es el único elemento importante exhumado de este yacimiento, conocido tan solo de forma parcial. En el lugar que ocupaba la desaparecida Cerámica de Garaulet, así como en los terrenos aledaños, cercanos al manantial de La Fuente, existió, con toda seguridad, una villa de época romana de la que solo se conocen algunos datos, derivados de algunas intervenciones parciales efectuadas a lo largo de los últimos ochenta años.

Ya en 1926 se realizaron aquí los primeros trabajos, una vez que en noviembre de 1923 se encontrara un primer mosaico en forma de “U” con motivos geométricos y varias representaciones de animales salvajes. Estas labores arqueológicas, realizadas desde el Museo de Albacete, consiguieron determinar que este primer mosaico era el pavimento de una atrio de la zona noble de la villa. Los trabajos de excavación se retomaron en 1941, tratando de contextualizar el hallazgo del segundo de los mosaicos localizados, el de las Estaciones, documentando varias estancias pertenecientes al área residencial de la villa.

La investigación de este lugar cayó en el olvido hasta la década de los años 80, momento en el que se realizó una intervención de urgencia en la que se documentaron varios hornos y unas tumbas de época visigoda, que seguramente reutilizaron el lugar una vez abandonada la villa. A comienzos de este siglo la construcción de unas viviendas unifamiliares cercanas propició la realización de nuevas intervenciones, en las que se recuperaron nuevos fragmentos de mosaico.

La última intervención en el complejo se realizó en el solar frontero al de la Cerámica, como paso previo a la construcción de un bloque de viviendas que nunca llegó a erigirse. Allí, hace escasos años, se documentó parte de un complejo termal relacionado con la villa, con salas calefactadas y restos de pintura mural.

Todos estos datos dispersos dejan claro que en el lugar en el que apareció el mosaico que hoy en día se expone en Madrid hubo un tiempo en el que existió una villa de considerables dimensiones e importancia. Un elemento de nuestro patrimonio del que solo conocemos fragmentos y del que mucho ya no se podrá recuperar, pero que sin duda merece el conocimiento y el reconocimiento de los ciudadanos.

Si hay algo que pueda definir el yacimiento arqueológico de El Tolmo de Minateda es, de cara al visitante, la espectacularidad de algunas de sus estructuras. El investigador, que tiene que enfrentarse e interpretar los secretos que guarda, seguramente añadiría a ese calificativo otros como complicación y sorpresa. El Tolmo es sin duda un yacimiento muy interesante por su gran ocupación, pero también difícil de excavar y de interpretar. En otros muchos yacimientos arqueológicos la estratigrafía es similar en toda su extensión, y una vez excavado una parte es muy sencillo prever lo que se documentará en otra. En el Tolmo eso no ocurre nunca.

Un ejemplo de ello fue lo ocurrido durante la campaña de excavación del año 2007. Durante aquel verano se retomaron las labores de excavación de las estructuras defensivas en el Reguerón, una vaguada natural que constituye el único acceso fácil a la zona alta del cerro. La excavación de este sector, que fue el primer trabajo ejecutado en el proyecto, fue interrumpida en 1996. El citado Reguerón constituye el desagüe natural para las avenidas pluviales, y las estructuras exhumadas quedaban expuestas a numerosos problemas de conservación, por lo que se decidió dejar un sector en reserva para procurar una estructura provisional que hiciera las veces de desagüe y acceso para el público.

En 2006 concluyeron una serie de obras e instalación de infraestructuras para la recogida de aguas pluviales y la construcción de una pasarela de acceso que discurre en paralelo al camino original de acceso a la ciudad, por lo que el equipo decidió retomar aquí los trabajos y completar la exhumación de las murallas en el extremo meridional del sector, donde se sabía que las diferentes líneas de muralla documentadas hace años tenían continuación.

Aquella campaña se intuía bastante sencilla en cuanto a interpretación de los estratos y las estructuras puesto que la zona era continuación de la excavada entre 1988 y 1996. Y así fue en parte. Se partía con la premisa de que durante los trabajos aparecería la continuación de las diferentes líneas de muralla que defendieron la ciudad en sucesivas épocas, y la hipótesis se confirmó, dejando al descubierto buena parte del lienzo exterior del baluarte defensivo visigodo, así como un espectacular basurero que se apoya directamente en dicho muro y que cuenta al menos con cuatro metros de potencia.

En el sector oriental, intramuros, se excavaron los niveles de época emiral (ss. VIII y IX d. C.). Y aquí llegó lo inesperado. En principio se deberían haber documentado los restos de una albarrada, una especie de terraplén defensivo documentado en las campañas anteriores, pero además se documentó una estancia de grandes dimensiones que debe ser interpretada como una especie de almacén de grano. En su interior apareció un completo ajuar cerámico, jarras, ollas, en perfecto estado de conservación, junto a varios molinos de mano completos, y el singular hallazgo de miles de semillas de cereal carbonizado que en origen debió estar almacenado en recipientes de esparto, puesto que se conservaron un buen número de fibras de esparto trenzado y quemado.

Esta estancia presentaba un patio trasero (en dirección a las murallas) en el que se exhumaron al menos dos équidos completos y en el que se documentó el que quizá sea uno de los hallazgos más llamativos de las últimas campañas realizadas en el yacimiento, una especie de pozo de planta circular tallado en la roca y con un alzado realizado con sillares reutilizados de otras estructuras cercanas, que presenta unos tres metros de diámetro y al menos doce metros de profundidad.el pozo al principio

La excavación de esta estructura comenzó a ciegas, sin imaginar ni por asomo lo que días más tarde se convirtió claramente en una especie de aljibe o pozo de grandes dimensiones totalmente cegado por un relleno de tierra que se comenzó a excavar y que, a medida que los trabajos avanzaban y la profundidad era mayor, cada vez resultaba más complicado extraer.

Estas labores se realizaban con la ayuda de un sistema de poleas y con una escalera de gran tamaño, pero llegó un momento, cuando nos encontrábamos en torno a doce metros de profundidad, en el que, por falta de medios y por seguridad, decidimos detener su excavación sin que se hubiera terminado de extraer el relleno y sin poder ver, y ni si quiera intuir, la base de la estructura.

Para concluir esta excavación se solicitó un proyecto para que las labores pudieran estar asesoradas y habilitadas por una empresa especializada en trabajos en altura, pero hasta la fecha no se ha podido realizar ninguna actuación más sobre esta estructura.

Se trata de un recorte circular practicado en la roca de unos tres metros de diámetro y que presenta una especie de realzado construido con sillares y dovelas reutilizados, procedentes de otros edificios más antiguos, en su parte superior. Desconocemos por el momento, al no haber podido concluir su documentación, cuándo se construyó. Desconocemos si se trata de una estructura emiral o si, como intuye el equipo de investigación, se trata de una obra anterior, visigoda o incluso romana, utilizada, tras realzarla, en época emiral.

De este hallazgo se pueden deducir varias cosas muy interesantes. La ubicación del pozo-aljibe no debe ser casual. Está construido en la zona más baja posible en el interior de la ciudad, protegido por las murallas pero junto a la puerta, por ser el Reguerón el punto de menor altitud intramuros. El estudio provisional de los materiales recuperados de su relleno también aporta una curiosa información. De momento, todos los materiales cerámicos extraídos de los 12 metros excavados son del mismo momento. Cerámicas del siglo IX, y por tanto de los últimos momentos de ocupación del yacimiento. Eso podría indicar que el relleno no fue producto del abandono paulatino, sino que pudo ser cegado intencionadamente en un determinado momento.

Desconocemos por el momento, no obstante, si estamos ante un pozo de captación de agua o ante un aljibe de grandes dimensiones. De ser una fuente, tal vez queden por excavar varios metros hasta llegar al nivel freático, o quizá, como apuntaron varios geólogos de la Universidad de Alicante en una visita a la estructura, la composición de la roca permitiría la filtración del agua sin tener que llegar a ese nivel de profundidad, que estaría en torno a 25 o 30 metros desde la boca del pozo.DSCF1143

No será posible determinar la funcionalidad del recorte hasta que se retomen los trabajos de documentación, pero tampoco podemos pasar por alto, aún con los escasos datos de los se dispone, la existencia de un texto del siglo XII del geógrafo az-Zuhri, en el que curiosamente hace mención a una fuente cegada en la ciudad de Iyih. No queremos decir que esa fuente pueda identificarse con el posible pozo documentado, no existen pruebas fehacientes para poderlo asegurar, pero el hallazgo en el Tolmo, su ubicación y su posible cegado, nos hacen ver la descripción que realiza az-Zuhri con otros ojos.

Mohammed Ibn Abu Bakr al-Zuhri fue un geógrafo andalusí que a mediados del siglo XII escribió el Kitab al-Jaghrafiyya (Libro de Geografía), y en que en sus párrafos 255-257 realiza una descripción del río Segura.Después de hablar del estrecho de Almadenes (entre Calasparra y Cieza) el autor dice:

“Y al final del estrecho (de Almadenes) se encuentra la Fuente del Negro. Es una fuente cuyo caudal, en medio del agua del río, salta al aire hasta aproximadamente la altura de un hombre, surgiendo del fondo. Su agua es sulfurosa y de desagradable sabor, y se dice que procede de la fuente que los cristianos cegaron en la ciudad de lyi(h). Ésta fue una de las ciudades sobre las que pactaron Teodomiro, el rey de los cristianos, y Musa ibn Nusayr, cuando éste entró en la Península Ibérica. Dicha fuente regaba todo aquel campo, y los cristianos la obstruyeron y salió en este lugar; entre los dos lugares hay una distancia de doce parasangas. Y desde esta fuente los lugares habitados se suceden ininterrumpidamente sobre ambas orillas del río por un espacio de treinta parasangas hasta Murcia, y otras treinta parasangas desde Murcia hasta el mar”.

La fuente descrita por al-Zuhri existe aún, parece corresponder al llamado borbotón de Cieza, aunque las aguas no saltan al aire como indica el geógrafo. La historia de que la fuente brotó allí cuando los cristianos cegaron otro nacimiento de aguas en poco verosímil geológicamente y quizá responda a una leyenda oral que justificara la existencia de un fenómeno como el borbotón y el sabor acre de las aguas se asociaría con las cenizas de la lyih destruida, de la que no tenemos constancia en el registro arqueológico, pero de la que continuamente hablan las fuentes de los siglos XI y XII que explican la fundación de Murcia.DSCF1139

Lo que sí es cierto es que el Arroyo de Tobarra, actualmente canalizado, y que discurre al pie del Tolmo de Minateda arrastra un agua salobre, de aspecto sucio, y con grandes cantidades de sulfato y magnesio. ¿Es esta agua semejante al del borbotón? ¿Existía un pozo en el interior de la antigua ciudad de Ilunum, Eio o Iyih que captaba esta agua o alguna otra fuente? ¿Se cegó de forma voluntaria? ¿Está todo esto relacionado con el abandono de Madinat Iyyuh o con la fundación de Murcia?. Son cuestiones que tal vez solo puedan ser respondidas cuando se puedan retomar los trabajos en esta estructura y se pueda determinar su funcionalidad y cronología de su uso.

El Tolmo de Minateda sigue enterrando muchas incógnitas, pero sobre todo muchas historias. Solo la continuación de los trabajos permitirá que poco a poco éstas se puedan ir desvelando.

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